12-01-1973 - Los accidentes de montaña a juicio
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Los accidentes de montaña a juicio

EL CORREO DE ZAMORA
12 de enero de 1973


El auge experimentado en los últimos tiempos por el deporte en todas sus facetas, viene cobrándose su tributo en vidas humanas, que se sacrifican en los campos y escenarios donde éste se practica, y el hecho de que cada año se produzca una mayor cantidad de estos accidentes viene naturalmente determinado por el número también cada vez mayor de personas que hacen deporte, con sus secuelas de desgracias, unas veces achacables a imprudencias, pero otras simplemente debidas a una triste e inesperada circunstancia.

Con frecuencia, leemos que corredores de coches perecen en los grandes circuitos mundiales; naufragan tripulaciones en los deportes náuticos; ciclistas mueren víctimas de algún accidente; cazadores y paisanos sufren las consecuencias de algún disparo fortuito; incluso en los campos de fútbol se dan casos de jugadores (como recientemente ha ocurrido) que fallecen "en acto de servicio", y, lo que es más lamentable aún, algunos "rings" han sido testigos de la muerte de un boxeador a manos de otro... En fin, que la práctica de cualquier deporte siempre entraña algún riesgo.

Ante esta serie de acontecimientos, la opinión pública y los medios de información adoptan una actitud de comprensión y todo se ve normal, hasta que se produce un accidente de montaña. ¡Ay, entonces!: Las mismas personas que consideran naturales las demás desgracias, se rasgan las vestiduras. Todo son censuras, todo comentarios lacerantes, e incluso muchas veces hasta la prensa contribuye a este ambiente con profesión de artículos para todos los gustos.

Esto es así, hasta el extremo de que hace unos días, con ocasión del lamentable accidente que costó la vida a los montañeros Mairal y Ruiz, en Picos de Europa, varias personas me han parado en la calle, casi increpándome por el suceso, poco más o menos haciéndonos partícipes a todos los que practicamos los deportes de montaña en la culpa de estas desgracias, terminando incluso por tacharnos de imprudentes y poco menos que "chalados", sugiriendo al tiempo la adopción de medidas tales como las de suprimir las salidas al monte.

Ante esta avalancha de "filípicas", uno reacciona, naturalmente, primero con el razonamiento expresado al principio. Por ejemplo: en el año 40 éramos sólo unos pocos centenares de jóvenes (entonces) los que recorríamos las montañas (y desde luego eran muchísimas peores condiciones de equipo que ahora). Hoy día, y echando mano de la última estadística oficial de la Federación Española de Montañismo las licencias federativas expedidas en España eran exactamente en el mes de diciembre pasado 40.166, sin contar desde luego, con la innumerable masa de personas que "hacen montaña", por su cuenta, y las muchísimas licencias de esquiadores, ligados también en cierta forma, a este deporte.

El montañero en posesión de la licencia federativa, no es que con ella vaya a evitar el sufrir un accidente, pero si éste se llegara a producir, su riesgo se halla cubierto por la Mutualidad General Deportiva.

La Federación viene trabajando incansablemente en advertir a los afiliados a los Clubs que de ella dependemos, de los peligros que la montaña encierra, para evitar en todo momento las imprudencias, preparando adecuadamente a la gente por medio de cursos y divulgación general para el uso adecuado del material, equipos personales necesarios, formación y preparación de grupos de socorro, etc, etc. Pero, y a pesar de todas estas advertencias y precauciones, inevitable e inesperadamente el accidente se produce; entonces, (y es otra de las acusaciones de que somos objeto), es necesario movilizar a otras personas, generalmente naturales de la zona donde éste se ha producido, fuerzas de la Guardia Civil y montañeros especializados, para el rescate de los accidentados. ¡Nadie les mandó ir allí, para que ahora haya que organizar este tinglado buscándolos!, se nos dice.

Este hecho no es puede negar. Lo que pasa, es que unos seres humanos necesitan de la ayuda de los demás y se trata de cumplir con este deber. Sólo que esto se ve únicamente cuando de salvar montañeros se trata. Pero, en contrapartida, bien se puede argüir al respecto que en otra clase de accidentes o servicios, como son la búsqueda de aviones caídos en las cordilleras, medios de comunicación cortados por la nieve, catástrofes en pueblos de sierra, e incluso vacunaciones en zonas poco menos que inaccesibles, los montañeros siempre que hemos sido requeridos nos hemos prestado diligentemente a ello, sin haber pasado nunca la factura a nadie.

Creemos, por tanto, que hay que tener un poco de comprensión al respecto, y, procurando, desde luego por nuestra parte, evitar en todo lo posible, por medio de la prudencia y preparación necesario, estos desgraciados accidentes, reconocer, cuando llega el caso, que nadie los ha querido, y que se trata de una fatal circunstancia que hay que afrontar con el rendimiento, solidaridad humana y caridad que todos los hombres nos debemos unos a otros.

ÁNGEL RAMOS
Presidente de la Agrupación Montañera Zamorana

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